Destino, boda Otazu

Como siempre hemos dicho, bodega Otazu es un lugar en el que se vivieron, se viven y se vivirán historias increíbles. Nos encantan las situaciones que allí se generan, especialmente en las bodas, en donde los sentimientos están a flor de piel.

Los protagonistas de este post surgieron en una visita a la bodega.

Llegaron del brazo como una pareja más y rondaban aproximadamente los 65 años. Vinieron acompañados por una pareja más joven, también agarrados, parecían familia, y es que, exactamente lo eran.

Tomamos una copa de vino blanco de nuestro viñedo, refrescando una tarde de verano del año pasado. Tras la visita comenzamos a hablar.

Llevaban 40 años casados, y juntos desde los 16, era amor del de antes según nos contaban.  Secreto, ninguno, era cuestión de conjugar varias palabras; confianza, compromiso, y mucha mucha paciencia.

Toda una vida juntos.

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La conocí allá por el año 66, era morena y con unos grandes ojos llenos de misterio. Teníamos amigos en común y yo un gran interés por ella, así que me lancé a conocerla. Fue difícil, casi imposible, pero, la cosa se dio mejor en un baile. La saqué a bailar, y llevo bailando con ella 50 años, aunque a este baile se sumaron más y más personas.

Tras un largo noviazgo, una carrera en otra ciudad de por medio, y un diploma en la mano, me presenté en su casa una tarde de otoño. Ahí conseguí  su si de un matrimonio ya con cicatrices y ajado por los años, pero más fuerte y más sólido que cualquier edificio.

Nos casamos un 31 de Agosto de 1974. Llegué antes que la novia, como manda la tradición, y esperé nervioso a su llegada.

 Aún recuerdo emocionado el momento en el que apareció en la puerta del brazo de su padre. Con un vestido blanco, entró despacio, sonriendo, y mirándome fijamente. En ese momento no existió nada más, ni nervios, ni gente, ni tan siquiera la Iglesia. Sólo la recuerdo a ella caminando hacia mí, luciendo el vestido más bonito que he visto.

De eso han pasado ya 40 años, y aún puedo decir que es uno de mis mejores recuerdos.

Nuestra vida juntos ha dado mucho de sí, 4 hijos, 5 nietos, y 3 perros. Y la historia no ha terminado, va sumando años y experiencias que han marcado nuestro camino.

Ahora esta historia, tiene como destino Bodega Otazu. Y es que, la vida da tantas vueltas  como quiere, y en muy poco tiempo entraré del brazo de mi hija, esperando ver cómo reacciona su futuro marido, al verla preciosa con su vestido, el mismo que su madre llevó en nuestra boda.

Allá nos veremos Otazu, y allí seguiremos caminando.

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